
"Se ha roto. Ahora todo se ve en blanco y negro." Ese era el parte de avería completo, contado de segunda mano, sobre un teléfono que yo no había visto nunca.
El aparato es un Blackview BV6200 Plus, un móvil Android resistente. Había que sacarle los datos, y a quien lo usa le habían dicho que la pantalla estaba dañada. Mi aportación a la investigación duró unos dos minutos y no requirió ningún tipo de experiencia. Quiero describir esos dos minutos con precisión, porque son justo de lo que va este post.
Lo que hice yo en realidad
Abrí Ajustes, entré en «Información del teléfono» y pulsé siete veces sobre el número de compilación, hasta que Android me anunció que ya era desarrollador. Es una función real y lleva quince años ahí. Después entré en el menú de Opciones de desarrollador que acababa de aparecer y activé la depuración por USB. Luego conecté el teléfono al portátil con un cable y pulsé «Permitir» en el diálogo que preguntaba si me fiaba de la huella RSA de ese ordenador.
Y ya está. Dos ajustes y un cable. Sin root, sin desbloquear el bootloader, sin recovery personalizada, nada que anule la garantía ni borre nada.
Entonces escribí el prompt:
Revisa el teléfono conectado por USB, un BV6200 Plus. Dos cosas: - Necesito sacar los datos del teléfono. Prepara un informe de la cantidad de datos que tiene. - Me han dicho que "se ha roto", que ahora las imágenes se ven en blanco y negro. Yo diría que es cosa de configuración. Investígalo. No toques nada de la configuración, sólo prepara un documento.
Ahí dentro hay una hipótesis: «yo diría que es cosa de configuración». Resultó ser correcta. Pero una hipótesis no es un diagnóstico, y la parte útil de ese prompt es la última línea, no la conjetura.
Lo primero que llegó fue una medición
El asistente no empezó por los ajustes. Se bajó las seis fotos más recientes de la cámara y las midió: para cada píxel, la distancia entre su canal de color más fuerte y el más débil, promediada sobre la imagen entera. En esa escala, una imagen en blanco y negro de verdad puntúa cero.
Cinco de las seis puntuaron entre 19 y 31. La sexta puntuó 1,99, y era una foto nocturna: la imagen de una habitación a oscuras, que apenas tenía color de partida.
Esa única medición movió el problema entero. La cámara grababa color. Los ficheros del disco tenían color. Fuera lo que fuera lo que estaba mal, pasaba en algún punto entre el fichero y el ojo, lo que significaba que no había ningún dato en riesgo y que no había nada que recuperar. Todo lo que vino después fue buscar un interruptor.
El interruptor, y la suposición que estuvo a punto de taparlo
Encontró dos interruptores, encendidos a la vez. Android tiene un filtro de corrección de color para personas daltónicas y, por separado, un filtro de inversión de color. Los dos estaban activados. Apilados uno sobre otro producen una imagen lavada y antinatural que cualquiera describiría, con toda la razón, como blanco y negro.
El filtro de corrección estaba puesto en el modo 13. Aquí es donde se pone interesante. En el Android de serie, el valor de la escala de grises es 0, y el 11, el 12 y el 13 son los tres tipos de corrección para daltonismo. Así que el modo 13 no es escala de grises. Pero esto es un Blackview, con un sistema operativo que su fabricante ha modificado, y los fabricantes renumeran las cosas.
Así que no dio nada por supuesto. Entró en la propia aplicación de Ajustes del teléfono, extrajo la tabla de recursos del APK y leyó el mapeo del fabricante en el propio aparato:
daltonizer_mode_keys = [deuteranomaly, protanomaly, tritanomaly, grayscale] daltonizer_type_values = [12, 11, 13, 0 ]
El modo 13 es tritanomalía, la corrección azul-amarillo. No es escala de grises. El teléfono no había estado nunca en un modo de blanco y negro. Estaba corrigiendo un daltonismo que no tiene nadie y después invirtiendo el resultado, y la combinación quedó lo bastante cerca del gris como para que todo el mundo dejara de mirar ahí.
Ese paso —leer el aparato real en vez de la documentación— vale más de lo que parece. La respuesta estándar de Android estaba disponible, era citable y habría sonado autorizada. Simplemente no estaba verificada en este teléfono.
Por qué llegó a pasar
El filtro de corrección de color estaba asignado a dos atajos de un solo toque: el botón flotante de accesibilidad que se queda en la pantalla y un mosaico en el panel de ajustes rápidos que se despliega desde arriba. Alguien pulsó uno de los dos. Ese es el incidente completo.
Un teléfono que «se había roto» era un teléfono que alguien había tocado.
La otra mitad: qué hay realmente ahí dentro
Ya que estaba dentro, inventarió el almacenamiento, que era la otra mitad del encargo. 112 GB de espacio, 45,5 GB ocupados, sin tarjeta SD. Pero de esos 45,5 GB, los datos que de verdad pertenecen a un ser humano —fotos, vídeos, grabaciones, multimedia de WhatsApp— suman unos 8 GB. El resto son aplicaciones y sus restos. Sólo Facebook ocupa 6,2 GB, más que todas las fotos y vídeos que se han hecho nunca con él. Otros 8,5 GB son caché de aplicaciones, basura regenerable que se reconstruye sola.
También avisó de dos cosas que yo habría descubierto por las malas. El historial de chats de WhatsApp está cifrado en disco, así que copiar los ficheros no recupera nada legible: eso hay que hacerlo desde la copia de seguridad de la propia aplicación. Y el teléfono lleva un perfil de trabajo cuyo almacenamiento es invisible para un cable conectado al perfil principal, así que el inventario sólo es honesto para uno de los dos usuarios que viven en el aparato.
Entonces, ¿puede la IA arreglar mi teléfono?
No. Y la pregunta es la trampa. No se arregló nada, porque no había nada roto. Se apagaron dos ajustes, algo que se podría haber hecho en quince segundos... si alguien hubiera sabido cuáles eran los dos.
Saber cuáles son esos dos es el trabajo de verdad, y es la parte en la que estas herramientas son irracionalmente buenas. Un teléfono moderno expone cientos de ajustes. Una persona depurando esto comprueba los tres que le suenan —modo noche, ahorro de batería, escala de grises del modo descanso—, los encuentra apagados y concluye que la pantalla se está muriendo. El asistente los comprobó todos, descartó nueve candidatos por su nombre con la evidencia de cada uno, y después fue a leer la tabla del propio fabricante en vez de fiarse de lo que ya creía saber.
Una última nota honesta, porque habría sido fácil saltársela. Con los filtros ya apagados hicimos una captura de pantalla para documentar el resultado. Salió en color perfecto, y no demuestra absolutamente nada: Android hace las capturas antes de aplicar las transformaciones de color de accesibilidad, así que esa imagen se habría visto igual de colorida con los dos filtros todavía funcionando. La prueba de verdad estaba en otro sitio: en los valores de los ajustes y en la matriz de transformación de la pantalla, que leía como identidad. Publicar la captura como evidencia habría sido fácil y satisfactorio. Sólo que no habría sido verdad.
Los dos minutos de preparación fueron míos. El resto fue una máquina leyendo un teléfono con más cuidado del que nadie se había molestado en tener.