Tema 1: El origen - La impresora que cambió el mundo (1980)
El laboratorio donde todo se compartía
A finales de los años setenta, el Laboratorio de Inteligencia Artificial del MIT era uno de los lugares más extraordinarios del planeta para un programador. Allí trabajaba un grupo de personas que se hacían llamar hackers -no en el sentido que la palabra tiene hoy, sino en su significado original-, alguien que disfruta resolviendo problemas técnicos de forma creativa y elegante.
En aquel laboratorio, compartir código era tan natural como respirar. Si alguien escribía un programa que hacía algo útil, lo dejaba disponible para que cualquier otro pudiera usarlo, estudiarlo, mejorarlo. No había contratos de confidencialidad, ni licencias restrictivas, ni departamentos legales vigilando quién copiaba qué. El conocimiento fluía libremente porque todos entendían que esa era la manera más rápida de avanzar. Si tú mejorabas mi programa y yo mejoraba el tuyo, los dos terminábamos con software mejor.
Richard Stallman era uno de esos hackers. Llevaba años trabajando en el laboratorio, programando en un entorno donde la colaboración era la norma. Pero el mundo fuera de aquel laboratorio estaba cambiando, y Stallman estaba a punto de descubrirlo de la peor manera posible.
La impresora que se atascaba
El laboratorio tenía una impresora, una Xerox Graphics Printer, que como todas las impresoras del mundo tenía un defecto irritante: se atascaba el papel. Pero Stallman era programador, así que hizo lo que cualquier buen programador habría hecho: abrió el código fuente del controlador de la impresora y lo modificó. Añadió una función sencilla pero brillante: cada vez que la impresora se atascaba, el sistema enviaba automáticamente un mensaje a todos los usuarios que tenían trabajos en cola. Así, alguien se acercaba a desatascarla en cuestión de minutos en lugar de descubrir, media hora después, que su documento seguía sin imprimirse.
Era una solución elegante. Era software resolviendo un problema real. Y era posible porque Stallman tenía acceso al código fuente.
Entonces, alrededor de 1980, llegó al laboratorio una impresora nueva: una Xerox 9700, un modelo láser más moderno y rápido. Pero esta impresora también se atascaba. Y estaba instalada en otra planta del edificio, lo que hacía el problema aún más molesto. Stallman quiso aplicar la misma solución que había funcionado tan bien con la impresora anterior. Pero esta vez, Xerox no proporcionaba el código fuente del software de la impresora. Sin el código, Stallman no podía modificar nada.
La puerta que se cerró
Stallman supo que un investigador en la Universidad Carnegie Mellon tenía acceso al código fuente de esa impresora. El investigador era Robert Sproull, que había sido el desarrollador principal del software de impresoras láser en Xerox PARC antes de trasladarse a Carnegie Mellon. Stallman viajó hasta allí y le pidió una copia del código.
La respuesta fue no.
Sproull había firmado un acuerdo de confidencialidad -un NDA, en la jerga empresarial- con Xerox. Ese contrato le prohibía compartir el código con nadie. No importaba que Stallman quisiera usarlo para resolver un problema práctico que beneficiaría a todo el laboratorio. No importaba que ambos fueran investigadores académicos. El papel firmado prevalecía sobre la colaboración.
Stallman ha contado muchas veces que aquel momento fue una revelación. No fue un enfado momentáneo por una impresora; fue la comprensión súbita de que algo fundamental había cambiado. El software, que durante años había sido un recurso compartido como las ideas o las fórmulas matemáticas, se estaba convirtiendo en una mercancía cerrada. Las empresas estaban poniendo muros alrededor del código, y lo estaban haciendo de forma tan gradual que casi nadie se daba cuenta. Los acuerdos de confidencialidad no eran simplemente contratos comerciales: eran herramientas para romper la solidaridad entre programadores, para convertir a colegas en desconocidos que no podían ayudarse mutuamente.
La decisión que lo cambió todo
Stallman podría haber aceptado la nueva realidad, como hicieron la mayoría de sus compañeros. Podría haber seguido trabajando en el MIT, usando software propietario, firmando NDAs cuando se lo pidieran. Pero no lo hizo.
En 1983, Richard Stallman anunció el proyecto GNU -un acrónimo recursivo que significa "GNU's Not Unix"-. Su objetivo era construir un sistema operativo completo que fuera enteramente libre. No libre como "gratis", sino libre como "libertad". Cualquier persona podría usar, estudiar, modificar y distribuir ese software sin restricciones.
En 1985 fundó la Free Software Foundation (FSF) para dar soporte organizativo al proyecto, y articuló las cuatro libertades fundamentales del software libre:
Las cuatro libertades del software libre
- Libertad 0: Usar el programa para cualquier propósito.
- Libertad 1: Estudiar cómo funciona el programa y modificarlo para que haga lo que tú quieras. Esto requiere acceso al código fuente.
- Libertad 2: Distribuir copias del programa para ayudar a otros.
- Libertad 3: Distribuir copias de tus versiones modificadas a otros. Así, toda la comunidad puede beneficiarse de tus cambios.
Estas cuatro libertades pueden parecer abstractas, pero tienen consecuencias enormemente prácticas. Significan que ningún fabricante de software puede dejarte atrapado. Significan que si el programa que usas tiene un fallo, alguien puede arreglarlo sin pedir permiso. Significan que el conocimiento tecnológico no pertenece a una empresa, sino a la humanidad.
La GPL: el hack legal más brillante de la historia
Stallman no era solo un programador brillante; también era un pensador estratégico. Sabía que declarar el software "libre" no bastaba. Si alguien tomaba código libre, lo modificaba y distribuía la versión modificada como software propietario, la libertad se perdía. Necesitaba un mecanismo legal que garantizara que la libertad fuera permanente e irreversible.
Así nació la licencia GPL (General Public License), posiblemente el hack legal más ingenioso de la historia. La GPL usa las leyes de copyright -las mismas leyes diseñadas para restringir la copia- para garantizar la libertad. Funciona así: puedes copiar, modificar y distribuir el software GPL todo lo que quieras, pero con una condición: cualquier versión modificada que distribuyas debe llevar la misma licencia GPL. Es decir, debe seguir siendo libre. Stallman lo llamó copyleft, un juego de palabras con copyright: en lugar de restringir la copia, la garantiza.
La GPL es como un contrato que dice: "Este regalo es tuyo, y puedes regalárselo a quien quieras, pero no puedes quedártelo solo para ti." Es una idea tan simple como poderosa.
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